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Crónica completa y video: Ángel Salamanca, Ana Gracia y Rubén Gómez, nueva vía en 6000 virgen en Khumbu

Se quedan a 10 metros de cima.


Un año más, el miembro del GREIM de Boltaña Ángel Luis Salamanca visita el valle del Khumbu, en busca de algún lugar muy poco trillado y alguna cima y pared virgen que ascender en estilo alpino.

Este año iba acompañado de Ana Gracia y Rubén Gómez y, como informamos, consiguieron abrir una vía a una cumbre virgen, sin alcanzar la cumbre porque un pináculo de 10 metros les obligó a detenerse en la antecima.

Una vez de vuelta a casa, nos envían esta crónica escrita por Ángel, y un corto video.

Pico sin nombre. La ruta finaliza a 10 metros de cumbre. Foto: A. Salamanca
Pico sin nombre. La ruta finaliza a 10 metros de cumbre. Foto: A. Salamanca

“Después de un invierno de alpinismo y colegueo, Rubén Gómez, Ana Gracia y yo decidimos ir juntos al Himalaya. Mi idea, como todos los años, era buscar un lugar apenas explorado, y buscar algún pico o pared virgen en él.

El sitio elegido fue el Changri Nup Glacier, al que se accede a través del pueblo de Lobuche, situado a 4.900m. Desde él hay 5 horas de pateo por una morrena infernal y a través de un lago congelado.

Porteando desde Lobuche. Foto: A. Salamanca
Porteando desde Lobuche. Foto: A. Salamanca

Una vez en Nepal el equipo se amplió. Por el Khumbu andaba el brother y guía UIAGM Jorge Valle, que quiso venir con nosotros y ayudarnos en los porteos al campo base, que fueron dos. El primero nos llevó 10 horas en total, ida y vuelta desde Lobuche, cargadísimos a través de grandes bloques de piedra e intentando imaginarnos por pasar en aquel caos. El segundo, solo de ida, fueron 5 horas, ya listos para quedarnos todos en la zona que habíamos elegido para pasar unos días.

El lugar era guapísimo, con una soledad absoluta. El único ruido que oíamos era el provocado por algún trozo de hielo al desprenderse del glaciar. El Everest, imponente, era lo primero que veíamos al levantarnos de la tienda, y lo último que veíamos al meternos en el saco.

El Everest...un sueño para mí, a pesar de su situación, inflado de turistas subiendo en fila india por la cuerda fija hacia cima, borrachos de oxígeno hasta las orejas desde cota baja, llevados por un ejército de sherpas, verdaderos currantes de la montaña.

Antes de llegar allí, nuestro objetivo principal era la cara norte del Lobuche West (6.150m), pero estaba muy seca y resultaba imposible subir por ahí sin jugárnosla demasiado. No tenía condiciones, algo que, según vamos viendo, es una tónica que cada año va a peor. Así que optamos por la 2ª opción, una bonita montaña a la que había echado el ojo en una visita anterior.

Nueva vía en 6000m virgen del Khumbu para Salamanca, Gracia y Gómez. Foto: A. Salamanca
Nueva vía en 6000m virgen del Khumbu para Salamanca, Gracia y Gómez. Foto: A. Salamanca

La vida en nuestro campo base, que instalamos a unos 5.300 metros, era bastante aburrida. No llevábamos nada para entretenernos: pasábamos el día mirando las montañas, buscando agua y cobijándonos de los rayos solares, que eran infernales. El cambio climático es evidente allí. Éramos trozos de carne en una barbacoa. Tampoco teníamos comodidades: no llevábamos cocinero, no teníamos sherpas y, por supuesto, tampoco ningún bar cercano, como seguramente había en el cercano campo base del Everest.

Además, nuestras tiendas eran pequeñas. Ana y Rubén son pareja, pero a mí me tocó dormir con Jorge, con quien, aunque sea simpático, me tocaba dormir apretujado, con la cabeza pegada en la tienda, con sus correspondientes goteos de agua cuando salía el sol y deshelaba la escarcha nocturna condensada. Por no hablar de ese aroma a calcetín sudado y demás, en una mini tienda calentada por el maldito sol.

Ángel Salamanca y Jorge Valle, campo base. Foto: A. Salamanca
Ángel Salamanca y Jorge Valle, campo base. Foto: A. Salamanca

El día que llegamos del segundo porteo descansamos desde las 7 hasta las 12 de la noche, cuando decidimos levantarnos para ir a la montaña y, como no eran muchos metros de desnivel, subir solo con lo puesto y con un par de litros de agua cada uno. Así iríamos bastante deprisa...dentro de lo rápido que se puede mover uno en altura.

En una hora y media llegamos al comienzo del cono de entrada, y nos tocó esperar una hora a -15ºC, porque había dos conos y, al ser de noche, no sabíamos cual era el bueno. Cuando empezó a clarear un poco ya vimos por cual debíamos seguir y allá que nos encaramamos, con nieve bastante blanda para esas horas, y con los gemelos calientes desde el principio. Jadeábamos como corriendo a fuego en una maratón de montaña.

En el cono. Foto: Ángel Salamanca
En el cono. Foto: Ángel Salamanca

El cono tenía unos 60º de inclinación hasta llegar a un resalte, con lajas sueltas y barro, de M4 más o menos, en donde montar una reunión de esas alpinas (un cordino alrededor de un bloque pegado por el hielo). Luego venía hielo de altura, muy duro, estalladizo, a unos 80º, con una fina capa de nieve encima que nos hacía cansarnos más al limpiarlo.

Foto: A. Salamanca
Foto: A. Salamanca

Además, estaba al solo, y solo tenía 3 tornillos de hielo, el resto se me había olvidado en la reunión de abajo...un ejercicio anaeróbico de los buenos, que finalizaba en una de esas salidas a arista que, cuando las ves de lejos, no sabes si vas a poder salir o al otro lado no va a haber nada, o es de las que al menos te deja clavar el piolet. Mientras rezaba porque fuera de estas últimas llegué...y fue de esas.

Foto: Ángel Salamanca
Foto: Ángel Salamanca

Pinché, salí...y el Himalaya a mis pies. Un collado con vistas increíbles, pero con una temperatura altísima, muchísimo calor. Hicimos en él una paradita para beber agua y disfrutar de las vistas, por si luego se metía la nube vespertina que habíamos comprobado que se metía siempre allí.

Echamos un vistazo a lo que nos quedaba. Desde abajo parecía que iba a ser solo andar, no se veían muchas dificultades pero resultó bastante complicado y expuesto: una arista afilada con nieve malísima y roca podrida, yendo de lado a lado de gendarmes, escalando hasta 6º, a veces en buen granito gris y otras en granito oxidado. La verdad que lo hicimos bastante rápido, ya que solo había unos 200 metros de desnivel desde el collado hasta la cima.

En la arista. Foto: Ángel Luis Salamanca
En la arista. Foto: Ángel Luis Salamanca

Nuestros altímetros marcaban 6.100 metros de altura. (800 metros desde el campo base, unos 700 metros de vía desde el cono) cuando llegamos a cumbre. En realidad, de antecima: un pináculo de unos 10 metros, puntiagudo, difícil de subir y más de bajar, al que no vimos forma de entrar, y menos de bajar de él, sin jugárnosla demasiado. Así que dimos por concluida la vía allí.

Rubén Gómez y Ana Gracia, bajo el pináculo de 10m de cima. Foto: A. Salamanca
Rubén Gómez y Ana Gracia, bajo el pináculo de 10m de cima. Foto: A. Salamanca

Ángel Luis Salamanca, bajo el pináculo de cima. Foto: A. Salamanca
Ángel Luis Salamanca, bajo el pináculo de cima. Foto: A. Salamanca

Muy felices y con subidón, nos dimos la vuelta, para darnos cuenta de lo mal que se estaba poniendo la nieve. Alucinábamos con el calor que hacía a 6.000 metros, así que con cuidado llegamos al collado y de ahí, montando rápeles de estacas y de bloques, fuimos bajando hasta el cono. Ana y Rubén lo rapelaron, pero yo lo destrepé, porque quería salir de ahí: no aguantaba más el calor, y no estaba a gusto en esa zona por la caída de piedras.

Rapelando. Foto: A. Salamanca
Rapelando. Foto: A. Salamanca

Cuando llegamos al glaciar nos encontramos con Jorge Valle, que venía a buscarnos para ayudarnos en la bajada. Todo motivado, me decía: “Ángel, descansa hoy y esta noche nos vamos a abrir una en la cara norte del Nirekha, que me he fijado que hay una buena línea para darle”, pero yo estaba reventado, y le decía que no, que me iba al pueblo a beberme una cerveza y comerme una pizza.

En el glaciar. Foto: A. Salamanca
En el glaciar. Foto: A. Salamanca

Y así lo hicimos. Dedicamos el resto del día para descansar y al día siguiente, cuando nos levantamos, desmontamos todo el tinglado del campo base, y cargados como auténticos mulos, desandamos el camino durante 5 horas infernales para llegar a Lobuche, pedir cerveza y comernos unas pizzas, que no pudimos acabar. Comíamos con los ojos, gula total, estábamos hambrientos, pero con el estómago pequeño.

En el trekking de aproximación nos desviamos para ir al campo base del Ama Dablamos, al encuentro de Tasio Marín y su padre Joseba, que estaban intentando subir el Ama Dablam en alpino, dándolo todo, con buen estilo. Nos invitaron a comer y a una botella de vino, y así pasamos la tarde, hablando de alpinismo, política y demás cosas. Descubrimos que eran unos tíos cojonudos, con un rollo padre-hijo muy bueno, y decidimos dedicarles la vía, porque gente como ellos se merecen lo mejor. De ahí el nombre de la vía: “Los chicos del Gorbea”, ya que son los refugieros de allí.

Por último, comentar lo cara que se está volviendo la zona del Khumbu. Masificada de turistas que van de alpinistas, precios desorbitados, tasas, impuestos que se sacan de la manga, religión budista cuyo Dios ahora es el dólar, permisos de ascensión carísimos, etc.

Personalmente, cada vez se me quitan las ganas de volver...hasta que vuelvo a casa.

Entonces ya empiezo otra vez a hacer planes de vuelta.

Qué tendrá ese sitio…

Dar las gracias a Rab, Lowe Alpine, Camp Cassin, Totem Cams, Kayland, Julbo, RockRider, Blackstrap, Solo Climb, Club Pirineos, Club Peña Guara y Ayuntamiento de Boltaña. Sin ellos, tendríamos algo más difícil de lo que ya es el ir a esos sitios."

La ruta. Foto: Ángel Luis Salamanca
La ruta. Foto: Ángel Luis Salamanca

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Comentarios

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1 comentario

1. proyectosyvida.com - 12 Jun 2019, 17:04
Exelentes imagenes. De muy buena calidad. proyectosyvida.com

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